
Estos meses de otoño son propicios para recuperar muchos hábitos. O eso me parece a mí. Creo que el otoño, además de teñir los árboles y las calles de marrones y dorados, también tiñe las semanas de principios. Siento que es una estación que llama a la reflexión y a los nuevos comienzos. Me encanta.
Estas últimas semanas, además de hacer un viaje maravilloso en furgoneta (estáte atento que se viene post viaje con consejos para camper lovers), he estado leyendo, escribiendo y estudiando música. He escuchado mucho podcast, también.
De todos estos datos, sale este post. En él, te vengo a recordar verdades que ya sabes pero que todos olvidamos con demasiada facilidad: la importancia de estar con nosotros mismos, de darnos tiempo para pensar (¡sí, pensar!) y de ponerle el foco a respirar.
Respirar: el acto olvidado
Vivimos tan deprisa que a veces parece que respirar bien sea un lujo. La mayoría del tiempo lo hacemos en automático, como quien marca el paso sin escuchar el ritmo.
Sin embargo, la respiración es nuestro primer ancla: está siempre con nosotros, disponible, gratuita y sabia.
“Cuando controlas tu respiración, controlas tu mente.”
Thích Nhất Hạnh
Una respiración consciente reduce el cortisol, mejora la concentración y calma el sistema nervioso.
Puedes empezar con algo tan sencillo como tres respiraciones lentas antes de abrir el correo o el móvil.
Parece poco, pero cambia el tono de tu día.
Ejercicio sencillo:
Inhala por la nariz contando 3, retén el aire 3, exhala por la boca 6.
Hazlo tres, cinco, diez veces. Lo que seas capaz de sostener.
Eso es estar contigo.
Nos incomoda pensar
A veces confundimos la pausa mental con llenar el silencio de distracciones. En el último libro de Nazareth Castellanos que ya te recomendé, se citan multitud de experimentos interesantes. Uno de ellos me chocó muchísimo.
El experimento consistía en instar a los voluntarios a pensar durante 6 minutos. Sólo pensar. Más del 80% afirmaron haberse sentido incómodos, haberse distraído (a pesar de que estaban en una sala vacía) y haber pasado un mal rato. Hicieron una segunda parte en la que ofrecían dos alternativas. O bien, estar 15 minutos solos pensando o bien recibir una pequeña descarga eléctrica. El 60% de los hombres y el 25% de las mujeres eligieron la descarga, ¿te lo puedes creer?
Pensar sin pantallas, sin ruido, sin prisa… se ha vuelto casi un acto de rebeldía. Nos incomoda, porque todo nuestro entorno está diseñado para no dejarnos pensar. Para vendernos algo. Sea una preocupación, un nuevo móvil o la necesidad de tener esas deportivas. Nuestra mente se ha olvidado de pensar. Y es como todo, hay que entrenarlo.
Y recuerda que, si no piensas, no podrás hacerte las preguntas adecuadas y llegar al quid de todo. ¿Por qué haces lo que haces? ¿Hacia dónde te diriges? Vas a tener que ponerle intención, porque el sistema está diseñado para distraer a nuestro cerebro primitivo.
Quédate contigo
Nos educaron para estar disponibles para todos, pero pocas veces para estar disponibles para nosotros mismos. Sin embargo, el equilibrio no se alcanza haciendo más, sino siendo más conscientes de lo que hacemos.
Practicar la soledad elegida, esa que no aísla sino que nutre, es una forma de amor propio.
Quedarte contigo no es egoísmo, es cuidado.
“La soledad es el imperio de la conciencia.”
— Gustave Flaubert
Y en esa conciencia, descubres qué te mueve, qué te cansa, qué te llena.
Desde ahí, puedes decidir mejor.
Respiras, piensas, y sigues. Pero sigues contigo.
Rechazar la acumulación
Vivimos rodeados de estímulos: libros por leer, podcasts por escuchar, vídeos por guardar para “más tarde”. Consumimos conocimiento como quien colecciona conchas sin detenerse a mirarlas. Lo mismo sucede con los libros que leemos y los podcasts que escuchamos. Seguramente muchos están repletos de buenas ideas y datos interesantes. Pero si no reflexionamos sobre ellas y pensamos cómo aplicarlas, se quedan ahí: en ruido bienintencionado.
No se trata de saber más, sino de integrar mejor.
De dejar reposar las ideas, respirarlas, ver qué despiertan en nosotros.
Porque no hay aprendizaje real sin digestión.
Cuando rechazamos la acumulación —de tareas, de información, incluso de deseos—, nos damos el permiso de vivir más ligero y más profundo.
Y en esa ligereza, aparece la claridad.
See you soon and happy reading!
Leave a Reply